«VG» o  ser  y haberse sentido querido

                         

Entre comprender, conocer y tener prejucios.
 

Cuántos modelos tenemos y necesitamos para aprender a conocer a las personas y poder seleccionarlas, para tener realmente lo que necesitamos para tener éxito en las empresas.

Existen descripciones de puesto, competencias y valores, y herramientas para identificar el perfil de las personas que se presentan a esos puestos.

Ninguna de estas herramientas, menos la grafología nos dice si son buenas personas. A través de la entrevista vemos si son personas ambiciosas… pero como no hemos identificado si son buenas personas… pues no sabemos qué tipo de ambición tienen y, en consecuencia, si respetan a sus semejantes, o los utilizan como un trapo. No sabemos cuál es el fin último que persiguen… sus intenciones reales.

No sabemos al final lo que entienden por respeto, por diversidad, por inclusión, por flexibilidad, por conciliación, por compromiso, y por toda una serie de ideas que podrían permitirnos ir más allá de la superficie, algo que nos haga ir más allá de los discursos aprendidos.
 

 
El otro día nos encontramos con un caso de un médico que ganaba mucho dinero y aunque pueda parecer mentira aparece en un dossier con las siglas “VG” o sea violencia de género.
Esas son las contradicciones que definen al género humano: y nos preguntamos muchos ¿pero cómo se puede ser médico, cuya misión es la de salvar vidas… o eso nos creíamos algunos, y a la vez ser un maltratador?

Así que cuando nos dicen la palabra médico, lo que viene a nuestra mente es la imagen de lo que creemos que es un médico, y se nos llega a olvidar la persona que tenemos en frente. Caemos en los prejuicios, sin más.

 La cuestión es cuántas de estas personas tenemos en nuestras plantillas. ¿son esos jefes tóxicos? Esos jefes que la organización mantiene en el puesto, o bien porque dan resultados, y cerramos los ojos para no enterarnos de cómo los consiguen. Y son de esos jefes que no se consigue probar realmente nada… pero ahí están haciendo daño.

Mientras haya organizaciones en las que todo esté permitido, será muy difícil que la sociedad consiga erradicar comportamientos no deseables.

Ahora el consejo… eso que es fácil decir y dificilísimo de hacer: de esas personas como de las que son tóxicas que nos quitan la energía, de las que cosiguen sacar lo peor de nosotros mismos, tenemos que huir como de la peste… y lo antes posible antes de que podamos ceder a la tentación de pensar que esto va a cambiar, o antes de pensar siquiera que no tenemos más opciones que las de convivir con estas personas… hay que huir antes de que nos hayamos quedado sin energía ninguna, sin las fuerzas

que las situaciones y la mala compañía se aseguran de quitarnos lo antes posible para que nos sintamos prisioner@s de unas redes invisibles… invisibles para tod@s … hasta para nosotros.

Y a estas alturas seguramente que HUIR es lo más sabio y lo más heroico que puede hacer uno.

Se sabe que el perfil del maltratador es siempre el mismo y no necesita la excusa de «me sacaba de mis casillas» para actuar y destrozar todo lo que toca.

Somos los animales que necesitan el cuidado de sus progenitores durante más tiempo antes de poder vivir, convivir y defendernos solos en este mundo… y socialmente. Qué duro es comprobar cómo todo es tan sencillo y básico. Por muy inteligentes que sean cognitivamente, si es que lo son, emocionalmente están más cerca de los enfermos que no saben los que son las emociones, lo mínimo necesario para poder diferenciar el bien del mal.. No son más que los descendientes de situaciones similares y incapaces tanto racionalmente, como emocionalmente, de NO reproducir el modelo que han vivido, vacíos, sin voluntad ni criterio. Incapaces de comprender y superar lo que les hicieron creer y que no es: “¡Me pegaba pero me lo merecía!”

Al final, lo triste además del sufrimiento y del dolor que causan es que en tantos casos, de lo que se trata al final… ¡qué pobre llegar a una conclusión tan simple! como desalentadora: no fueron queridos, no se sintieron queridos de pequeño.

Qué importante es saber transmitir amor, querer de verdad, no sólo al prójimo, también al a los suyos. Decir «Te quiero» y abrazar más de 20». Amar de verdad, para no tener que oír después a nadie decir que el amor incondicional no existe.

¡Qué básico y qué sencillo! , y sin embargo qué poco frecuente.

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